miércoles, 12 de junio de 2024

La camiseta de Zelenski

Veo un encuentro oficial entre dos presidentes, uno de ellos en camiseta. Son tiempos de guerra (allí), no está la cosa para guardar formas ni excesivos protocolos, todo debe hablar, hasta la indumentaria. Queda patente la diferencia entre lo importante y lo accesorio, más que nada lo accesorio, lo que sobra.

Damos un valor al protocolo que no lo tiene, pero se lo damos. No llevar traje en algunas circunstancias se interpreta como una falta de respeto. O no llevar corbata, o limitar la cortesía, vete tú a saber.

La mujer del César no solo debe ser sino parecer, se dice. Nos hemos quedado más con lo segundo que con lo primero. En ocasiones olvidamos la esencia para quedarnos con la apariencia. La (ya casi denostada) posverdad va por ahí: da igual todo, pero las formas importan, contradícete, pero con elegancia.

Y es triste, pero ahí habitamos, perdemos la esencia, guardamos la apariencia. En ese lugar residen gran parte de nuestros debates de primera línea política, ofendámonos con pudor mientras actuamos más allá de la ética.

miércoles, 22 de mayo de 2024

La política y el inglés

Últimamente escucho bastante la BBC, quiero reforzar mi escaso dominio del inglés, y escuchar gente nativa hablando ese inglés británico, tan correcto en la mayoría de las ocasiones, es una buen forma de educar mi dura mollera. En ello me doy cuenta de que la construcción del discurso en ocasiones se plantea de formas diametralmente opuestas, me explico: 

Escucho noticas, las noticias son abruptas porque te hablan de cualquier ocurrencia, la anécdota más estrambótica ocurrida en cualquier confín de la Tierra puede tener su momento de gloria, pero el discurso de alguna forma se hace para que todo refuerce el contenido a transmitir, existe a veces redundancia, a veces suavidad, casi siempre ambas, de forma que aquello que se escucha converja al mensaje a transmitir.

En otras ocasiones escucho programas en directo, a veces con un formato cómico, pequeños monólogos. La estructura en estos casos es muy diferente, todo el discurso está estructurado con un juego de aguantar (en largo) para soltar (en corto). Se prepara el chiste, la gracia, la ocurrencia, se alimenta, se da carrete, se amasa, se prepara, se orienta, y al final, de forma súbita, se suelta el golpe, generando la sorpresa y habitualmente la risa. Nunca me suelo enterar. Si pierdes la frase final, habitualmente no llegas a captar el sentido global. 

La política y el hacer político debería ser como lo primero: redundante y suave, reiterativo e incluso cansino, una propuesta coherente, casi sin aristas, donde cada decisión tomada vibrara con el resto de haceres pasados. En cambio, cuando uno percibe desorientado la actualidad política, como si no entendiera el idioma en que hablan... algo pasa.

sábado, 20 de abril de 2024

Política y entropía

El enfoque es muy sencillo: la vida tiende a la entropía, y hay quien se afana, en algunos momentos, a recuperar el orden que se desvanece sin pausa. Cualquiera en una casa con niños lo entiende, puedes recoger en cualquier momento para ver que, después del orden, siempre vuelve el caos. El equilibrio, si llega, lo da nuestro trabajo. La fuerza es la entropía, el contrapeso, nosotros.

Así, sin más, debiera ser el hacer político. La sociedad tiende a la entropía de la misma forma que el orden no surge solo: hay que mimarlo, quererlo, buscarlo, trabajarlo, perseguirlo. Y cierto, algún hacer estará teñido por ideología o adoctrinamiento, pero no cabe duda que la dirección que debieran seguir no deja de ser clara; todo sucumbe al tiempo, a la negligencia y al inmovilismo. Necesitamos fuerza activa que invierta su energía en invertir el desorden que tiende a invadirnos como la mala hierba. Siempre habrá trabajo para generar, para tejer, para arreglar, para cultivar. Exhaustos deberían llegar a sus camas por la noche.

Pero parece que algunos embrollan y enmarañan, estrategas profesionales que mienten y desmienten, que juegan a otro juego que no es el de crear paz.

miércoles, 27 de diciembre de 2023

Mandar obedeciendo

Los que en la noche andan hablaron: "Y vemos que este camino de gobierno que nombramos no es ya camino para los más, vemos que son los menos los que ahora mandan, y mandan sin obedecer, mandan mandando. Y entre los menos se pasan el poder del mando, sin escuchar a los más, mandan mandando los menos, sin obedecer el mando de los más. Sin razón mandan los menos, la palabra que viene de lejos dice que mandan sin democracia, sin mando del pueblo, y vemos que esta sinrazón de los que mandan mandando es la que conduce el andar de nuestro dolor y la que alimenta la pena de nuestros muertos. Y vemos que los que mandan mandando deben irse lejos para que haya otra vez razón y verdad en nuestro suelo. Y vemos que hay que cambiar y que manden los que mandan obedeciendo, y vemos que esa palabra que viene de lejos para nombrar la razón de gobierno, de `democracia', es buena para los más y para los menos."

https://es.wikisource.org/wiki/Discurso_del_Subcomandante_Marcos_%22Mandar_obedeciendo%22 

Lo bonito de esta idea es lo de mandar obedeciendo, esa humildad tan perdida que choca contra la idolatría y el individualismo. Aquí los que mandan mandan mandando, parece lógico, pero deberían mandar obedeciendo, eso debería definir el hacer político. Y no. Impera la perpetuación, el continuismo, el "be liquid" y, en definitiva, el atavismo político, entendido como poder. Suena abstracto, pero hoy aquí reina el personalismo, y sobran los votantes, desde el momento en que votan.

Mandar obedeciendo suena a utopía

miércoles, 15 de noviembre de 2023

Alta política II (pedanías)

Imaginaros... bueno, spoiler, no os imaginéis, tal cual.

Una pedanía y una población mayor, llamémosles B y A.
La pedanía (B) tiene unas pequeñas praderas. La población (A) no tiene espacios como esas praderas, por lo que es habitual que gente de A vaya frecuentemente a las praderas de B para comer, merendar... disfrutar.
B considera que eso no es justo, que se están sobre-explotando sus praderas (que A está sobre-explotando sus praderas). Por ello decide regular el uso de las mismas. No se podrá hacer picnic sin más. Habrá que pedir permiso al Ayuntamiento de la pedanía, que lo tiene. Venga vale, se puede hablar, ¿por qué no? Quizás A, que es más grande, se lo tenga que currar y dotar de más espacios como ese para uso común (de A y B).
Todavía no hay una regulación aprobada, por lo que el equipo de gobierno de B decide tomar medidas preventivas.
Decide(n) inundar las praderas (????) para que no se usen, creo que mientras se aprueba la normativa. Si vas y coincide, a mí me pasó, te lo cuentan.
El equipo de gobierno de B se enorgullece de su sinceridad al contarte todo, como si la franqueza le salvara. Si quiero una respuesta oficial, me cuentan, me dirán que la inundación de las praderas es un criterio del área de jardinería, siempre hay una respuesta elaborada para cualquiera que la pida. Soy Ingeniero de Montes, le digo, y me parece una barbaridad utilizar el agua de esa manera, te explico lo que hay y te doy la respuesta que quieras, me viene a decir. Es una barbaridad, le digo. Somos afables al hablar, pero es una barbaridad.
No podemos usar el agua (en abundancia) para conseguir un efecto disuasorio. No tenemos solución mejor, me dicen. Pregunto signo político, ya por curiosidad. Mezcla de siglas, se entrevé gobierno "progresista". No entiendo nada. 
Entramos (me encanta) en analizar las palabras con que defienden lo suyo. El agua la gastamos en esto. El agua no hay que gastarla, le digo, hay que usarla. Cambio la palabra si quieres, me dice. Pero importa la idea que hay detrás. El agua se gasta, es nuestra, y por ello hacemos esto con ella. Lejos evidentemente queda la concepción de sociedad, la certeza de la sequía que define nuestro futuro como país. Cerca queda la obviedad de que ese agua que pasa por la pedanía es mía, y por tanto la gasto en lo que quiera.
Es como la altura de miras pero al revés.
Apelo a un sentido común veo que en ocasiones escaso. Pensémonos como sociedad, pensémonos en ubuntu, todos ganamos, o todos perdemos.

P.D. Sin tapujos, hablamos de Aranjuez y del Cortijo de San Isidro, por si algún (exiguo) lector tuviera la curiosidad.

sábado, 4 de noviembre de 2023

Alta política I (el cole)

Imaginaros... bueno, spoiler, no os imaginéis, tal cual.

Un colegio público en España, educación en valores y eso, actividades extraescolares, fútbol, cómo no. Muchos niños en el equipo, se quiere dividir, y así, no sin cierta controversia, se decide dividir el equipo en dos, ¿criterio? Nivel. Primera vez que se decide eso en 16 años de extraescolares. Chat con los padres, cargados de bonitos eufemismos, ¿realidad para los niños? Equipo de buenos y malos. Bueno, podría funcionar sin más vueltas, por qué no. Pero no. Se empiezan a dar rápidamente casos en los que, ya en el patio, no se deja jugar a algunos niños; del equipo de los malos, claro. Algún niño además lo interioriza de una forma regu (ahora manejo yo algún simple eufemismo). Venga, reunión de padres, vamos a hablarlo, han pasado apenas 3-4 días, los equipos ni están todavía inscritos en la liga escolar. Vamos a hablarlo, y sí, pero... no. Hablemos de equipo A y equipo B, todos entendemos. Los padres del equipo A, en bloque, opinan que no, sin más. Que sus hijos merecen tener la mejor educación (futbolística) posible, que separando cada uno aprende a su ritmo, que es lo más (¿pedagógico?). Sí, pedagógico. Dicen. Alguien les intenta explicar que la pedagogía, al menos hoy, es otra cosa, que los niños, en el cole cole, no se les segrega por niveles, que están todos mezclados, que eso es bueno para ellos, que así se fomentan valores (¿valores?), que hay escuelas de fútbol más allá del deporte escolar donde todo padre tiene derecho a llevar a su futuro Messi, pero que el cole, y el deporte en el cole, sirve sobre todo para fomentar otras cosas, el grupo, el equipo, el todos juntos, el todos ganamos o todos perdemos (ubuntu), y si aún así se gana, genial. (¿Quizás un sencillo símil de una concepción utópica de la Sociedad?)

Olvidaba. 7 años los niños. Y las niñas. En el equipo de los malos, claro. Las niñas, digo.

Nada, los padres del A-Team se enrocan (O-O) (enroque corto), no quieren que se divida de otra forma. Por nivel es lo mejor para todos. Dicen. Amén.

El cole, bueno, el AMPA, después de quejas en el Ayuntamiento decide rehacer equipos. Preguntan a todos los niños con qué 2 amigos les gustaría estar en el equipo y hacen grupos de forma que, al menos, esté uno de los que quieren.

El A-Team rabia. Parece que sus hijOs no van a desarrollar sus habilidades (futbolísticas) como debieran.

No llevan a sus hijos al siguiente entrenamiento. En bloque.

Los entrenadores deciden dejar de entrenar al equipo.

Hablemos de política.

Analogías, similitudes. ¿Quizás sea el típico caso donde alguien en posición de privilegio decide que lo mejor para todos es conservar esa posición de privilegio? Quiero pensar que este caso tan particular y tan local, es una anomalía estadística, ha coincidido así, por algo, por nada. Porque si extrapolamos ese comportamiento a un nivel más general nos encontramos con mierda. Mucha mierda. No la de los músicos. La otra. La que huele mal. Pensemos por ejemplo en el caso de las regiones más ricas, que acostumbran a pedir más independencia que las regiones más pobres, alegando factores históricos, culturales o cualquier otro que sea mínimamente lógico.

Vivimos en sociedad, y escrito parece sencillo: lo mejor para todos es (casi seguro) lo mejor para todos (bonita tautología), pero no, algunos siguen pensando que lo mejor para uno es lo mejor para todos... allá sufra el resto; y eso funciona, claro, si el uno está arriba. 

Invoquemos los postulados ecologistas, o el dilema del prisionero, lo que sea, pero aprendamos que si todos ganamos ganamos todos, que segregar personas no es bonito, que estamos juntos en esto, que conviene apostar por la educación en valores de nuestros hijos, que la cooperación implica gentes distintas en un objetivo común. En nuestra sociedad la competitividad manda, inculquemos valores a nuestros hijos e hijas para que tengan bonitas armas para enfrentarse a esa crudeza.


miércoles, 24 de mayo de 2023

Intermitentes

La observación de la cotidianidad es una forma directa y bonita de observar cómo nos comportamos con nuestros semejantes:

De igual forma que establecí una analogía entre la forma de cruzar la calle y la personalidad subyacente en el peatón (https://alter-politica.blogspot.com/2021/07/la-relacion-entre-cruzar-la-calle-los.html) se podría establecer una interesante clasificación análoga con la forma que tiene la gente de usar los intermitentes en los coches.

Yendo en coche, ¿qué supone utilizar el intermitente o no?

En muchos casos afecta a nuestra seguridad, así que entonces estaríamos implicando nuestro propio (sano) egoísmo. Hacer eso es bueno para nosotros, y por tanto lo hacemos.

En otros casos no afecta a nuestra seguridad, supone únicamente un aviso a otros conductores, supone que sepan lo que vamos a hacer, lo cual les influirá a ellos, y no a nosotros. ¿Qué implica? Cierto grado de altruismo, hacia los demás, y hacia el medio ambiente. El que "ellos" conozcan lo que vamos a hacer condiciona que frenen o no en (por ejemplo) una rotonda, una frenada innecesaria implica una pérdida de tiempo, un mayor consumo de combustible (implica un nuevo arrancar) y una pequeña sensación de que cada uno va a lo suyo.

El que no concedamos ese pequeño gesto (movimiento de un solo dedo) denota que no nos importa ese pequeño inmediato. Todos somos conscientes de que a ese conductor cercano le hace la vida "una pizca" más fácil el conocer si nos vamos a desviar o no en la salida anterior a la suya. Y si no lo hacemos es que no nos importa. Y si no nos importa ese pequeño gesto cercano la probabilidad de que nos importe aquello más lejano disminuye, cómo no, o es menos real. Es mover un simple dedo. El no hacerlo, por activa o por pasiva, nos resta credibilidad. Las pequeñas cercanías nos definen quizás más de lo que no pensamos.

No creo en la gente miserable en lo cercano y altruista en lo global. Pura desconfianza. Aunque bieninfluyan en el mundo. Siento afinidad por la gente pequeña que es buena persona en lo cercano. Sin más.

Analogías con lo político, como en otras ocasiones, lo dejo a vuestro criterio.