Decía Millás en uno de sus libros que las sociedades necesitan a los productores de bienes prácticos tanto como a los ensoñadores. Una sociedad que solo ensueña perece de inanición. Pero una sociedad que solo produce bienes prácticos se vuelve mezquina.
La política, por alguna razón, se ha vuelto práctica y ha perdido todo atisbo de ensoñación, y sí, se ha vuelto mezquina, y mucho.
Perdieron sus ideales, disminuyeron sus grados de libertad en beneficio de una rígida maquinaria de autoperpetuación, por la cual hacen y dicen en el momento más propicio para poder seguir mañana en el poder, y el ideal ahí no vale nada.
Añoro no a los perdedores, pero sí a aquellos que entraban a la batalla en pijama, y hablaban con una convicción que miraba al origen (el ideal) y no al destino (el voto). Esos seres, desafortunadamente, no tienen cabida hoy en el panorama político, tan mecánico como eficiente, tan mezquino. Hoy día muchos defienden lo indefendible porque es su trabajo, y son buenos en ello, y te miran a la cara como si dijeran: te estoy mintiendo, sí, tú lo sabes y yo lo sé, pero tú necesitas esta mentira para seguir tu (cada vez más) vacía convicción de que nosotros somos los buenos, los que echaron a los de antes, los malos. Por eso te miento, porque te quiero (y te necesito), y te lo digo con voz cálida y cercana.
La culpa no es solo de ellos. Es una relación tóxica que han establecido con la sociedad, y ahí todos somos partícipes. Cualquiera puede mentir sin sonrojo, pero para que la mentira funcione se necesita que la otra parte colabore, el mentidor necesita al mentido, cada cual juega su papel. Lo cual no creo que se aleje mucho de cualquier definición que exista de una relación tóxica. Nos mienten flagrantemente porque dejamos que nos mientan, no tiene coste para ellos (y sí beneficio), ¿de quién es la culpa?
Yo creo que más de ellos, por la crudeza que demuestran, por lo soez de sus formas, por la mezquindad de su objetivo (ellos mismos), se han vuelto (muchos) unos grandes profesionales del mal hacer. Y luego, detrás, también estamos nosotros, como tontos útiles, que sostenemos su degradación moral, responsables, en parte, cómo no.
Nosotros, además, como sociedad, tenemos algo que ellos han perdido. Tenemos ideales, nos pensamos de izquierdas o de derechas, progresistas, liberales, de centro o conservadores (hay muchas etiquetas y matices). La tragedia es que sostienen sus mentiras con nuestros ideales. Apelan a ellos como si hubiera algo más que un vacío detrás. Suena, permítaseme la analogía, como el "te quiero" que entona el maltratador tras pegar a su mujer.
No me haría una foto con ninguno de ellos.
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