Fui cliente de ONO, no sé si se recuerda, uno de los grandes operadores de internet. Estuve con ellos varios años, allá en los albores de internet, cuando descubrimos que teníamos una nueva necesidad, que nos conectaba con mucho y nos desconectaba con más. En esas seguimos, aprendiendo a convivir con algo que nos transforma a una velocidad que nos cuesta entender.
Divagaciones aparte, tuve mis más y mis menos con ONO, aunque al final nuestra relación empresa-cliente se fue deteriorando. Diversas incidencias no resueltas satisfactoriamente enturbiaron mi humor, hasta que decidí rescindir mi contrato con ellos. Fue en ese momento, al comunicarles mi decisión, en el que llegaron los cantos de sirena, donde desaparecieron todas las luchas para dar paso a un bonito mundo nuevo, donde mejoraban sensiblemente mis condiciones, reduciendo precio y aumentando prestaciones.
Les mandé, obviamente, a tomar por culo. No con esas palabras, claro, el decoro se puede mantener detrás de cualquier idea.
Me sentí totalmente estafado, ya que no me hicieron ningún tipo de caso hasta que decidí tomar la decisión de irme, y, en ese momento, pasé a importarles mucho, haciendo un esfuerzo real por conservarme como cliente.
Fue un ejemplo de libro basado en la teoría que desarrollaron Kahneman y Tversky (teoría de los prospectos), y que se resume, ya en forma de meme, en este gráfico que vi (en ese internet de ONO) hace ya una eternidad:

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