martes, 26 de septiembre de 2017

Banderas

Decía Jorge Drexler que vale más cualquier quimera que un trozo de tela triste, y no he podido estar más de acuerdo desde que tengo uso esporádico de razón. Más allá de eventos deportivos nunca me ha enorgullecido ver exhibida la bandera de mi país, no tengo para ella ni un especial aprecio ni un especial desprecio, mostraba un asunto identitario y ya.
Pero en estos días en los que veo a otros efluviando su alma a través de la senyera o la estelada (ellos, que ven quimera donde yo veo bandera) pienso en esa tela como canalizador de sentimientos territoriales. En nuestro caso, España, hemos asistido a un doble proceso: apropiación del emblema nacional por los partidos de derecha, y una dejadez con sabor a consentimiento por parte de la izquierda, adicta a ese aroma republicano, y nos encontramos hoy, cuestionados en nuestro territorio, sin una combinación de colores que nos pueda unir a todos.

No sé lo que nos depararán estos nacionalismos sordos, pero sí estaría bonito recuperar nuestro emblema de país, porque parece ser que tiene más significado y sobre todo función de lo que el gran Drexler pudo intuir.

viernes, 25 de agosto de 2017

Política de la confrontación

La política nace de las ideas, claro, y diferentes ideas dan lugar a diferentes corrientes políticas, que se engloban en diferentes partidos, que ya según su afinidad se unen o, por qué no, permanecen separados. Y de entre todos, uno, en soledad o en acuerdo, gobierna, lo cual significa que sirve a todos los ciudadanos, tengan las ideas que tengan.
Un problema, del que hablamos hoy, surge cuando la política en vez de limitarse a crecer desde su imaginario utópico, se pervierte y se limita a servir a sus ideas; han revertido el flujo, porque lo natural es servir a los ciudadanos desde el matiz que representan, algo falla cuando dedican su esfuerzo a prestar servidumbre a sus imaginarios.
Hoy lo digo concretamente por los independentismos, al menos tal cual los vemos hoy en Cataluña. Orientan su existencia diaria a conseguir ese objetivo, reorientan cualquier suceso y lo traducen a términos de conflicto siempre con esa entelequia de libertad por conseguir. Da igual que sea un atentado o una visita oficial, todo va a ser enfocado desde una perspectiva de confrontación en oposición al Estado opresor. Han inventado una nueva realidad donde se han olvidado de servir a su gente. Ellos son, y se sienten, un vehículo para la independencia, siendo ese precisamente el problema, que son únicamente un vehículo para la independencia, y en el camino se han olvidado de mucha gente y de su obligación con ellos.

Otros aires serían si reivindicaran la independencia de una manera racional y responsable, todo se puede hablar, ¿por qué no? Pero hoy, con muertos aún calientes, sus vicios libertarios y su necesidad de confrontarse sobran tanto…

viernes, 26 de mayo de 2017

Política de apariencia y anécdotas

Pensemos en nuestra sociedad y en la evolución que ha venido mostrando en los últimos 10-15 años. Las nuevas formas de comunicación y acceso a la información han reconfigurado nuestra relación con el mundo, más a las generaciones más jóvenes, pero a todas de alguna forma. Nos movemos a ritmo de WhatsApp, Facebook o YouTube; lo denominado “viral” podría verse como estandarte de un no nuevo pero sí acentuado paradigma: vivimos la anécdota y el instante, si algo en internet no puede resumirse en un video de 2 minutos es muy probable que se condene al ostracismo; y sin olvidar que esos 2 minutos pueden ser demasiado eternos, triunfan más los gifs animados, los caracteres limitados de Twitter, o lo efímero de Snapchat. Consumimos titulares y anécdotas, nos encanta el dardo preciso, envenenado o gracioso. Adoramos en definitiva el instante, es el triunfo del Nesquik sobre el Cola-Cao, ¿quién quiere dar vueltas de más?
Quizás no podamos culpar a la política por replicar este modelo imperante, porque los políticos se mueven a ritmo de golpe de efecto, y no hace falta hablar de Trump y de Twitter para entenderlo, o para explicar que el paradigma equivalente viene a decir que si algo no puede resumirse en una frase triunfante quizás no merezca la pena hacerlo, lucharlo o pretender explicarlo. Y con ello olvidamos cosas fundamentales: hay haceres políticos que están condenados a ser polémicos, porque no todos estarán o estaremos de acuerdo, hay semillas que deben plantarse y no crecen en el inmediato como utopía, decir lo contrario es un engaño, pero un engaño que nos hacemos más nosotros como sociedad que ellos como políticos. Habitamos enfermizamente lo conciso, habitamos consentidamente lo inexacto. Y antes de acusar a nadie, no conviene olvidar el papel que cumple la sociedad como correa de transmisión.

Quién iba a decir que hoy viernes me viera defendiendo a nuestra clase política…

viernes, 17 de febrero de 2017

Política invisible, política ausente

Lo invisible es aquello que no se ve, pero si hay algo más allá de lo invisible eso es aquello que sí se ve pero de lo que no se habla.
La política tiene sus invisibles, melosamente guardados, todos conocidos, y todos ninguneados, se sacan y se airean oportunamente, para que nadie los eche en falta, para que nadie eche en cara nada, pero el reality show se mueve por otros derroteros, el día a día se mueve entre muchos menos temas de interés, hipertrofiados, nos inoculan la gula por determinados temas fértiles a sus intereses, desmereciendo indirectamente el resto. Quizás el ejemplo más preciso en nuestra realidad española sea el de Cataluña, un tema de interés, como otros tantos, que conviene tener en constante actualidad, ¿por qué? Para los separatistas es su pan, su soma, su dogma de fe, aquello que moviliza a la gente desde el verbo y capaz de ocultar otras gestiones maltrechas o malhechas. Para el gobierno central, Cataluña supone el aviso y el miedo para el resto de españoles, antisecesionistas, que se identifican con la posición unitaria del gobierno. Un río fértil para muchas cañas, garantía por tanto de continua actualidad.
¿Pero qué hay del medio ambiente?¿Para cuándo una ley de educación no adventicia?¿Qué pasa con la investigación y la ciencia en nuestro país?¿En qué estado se encuentran las universidades? Son pocas preguntas para las que podría (y deberían) hacerse, pero la respuesta es única: nada. No pasa nada con todo eso, puntualmente se hablará de algo sin ánimo de incendiar conciencias y se refrigerará con oficio. Pero ni los nuevos partidos  ni los viejos (hoy tan de moda esa distinción) luchan para visibilizar estos invisibles.

¿Nos importan más los cotilleos o los contenidos? Haciendo un símil televisivo podríamos preguntar a Tele5 y a la 2, todos conocemos cuál es mayoritaria. Con la eterna pregunta consiguiente: ¿la gente pide telebasura o la telebasura acaba consiguiendo gente? Saliendo ya del símil, ¿qué fue antes, la política-basura o nuestra sociedad silenciosa?¿Nos engañan, queremos ser engañados o realmente nos da igual que nos engañen?