domingo, 13 de mayo de 2012

15-M (15 opiniones sobre 15 mentiras)

Esto va por graciosos, por salados, premio tonto a su provocación, análisis de su peculiar extremidad, perdón, extremismo, oído cocina a su extremo interés a la destrucción de ideas y conceptos, desacreditación gratuita (realmente a 1,30 euros), etc. ¿En qué lugar quedan los que se empeñan en destruir legítimos sentimientos e intenciones? En un lugar no muy deseable, ciertamente. Siempre pensé que era más bonito construir y tender lazos que destruir y mezclar mentiras (que siempre se forma mejor engrudo que atenerse a la razón). Va por vosotros, provocadores y destructores, con una sonrisa para vosotros, gratuita e irrompible, en mi caso. Por vuestra portada de hoy 13 de mayo de 2012. La Razón, por decir nombres. Os cito y os respondo, (por si)/(porque) no os enteráis:  

1. Es mentira que se esfuercen en proteger las raíces de la democracia. Las arrancan de cuajo y sin contemplaciones siempre que violan las leyes y disposiciones de las autoridades, algo que han hecho a menudo y enfundándose en un cínico victimismo La democracia es dinámica, también evoluciona, también se lucha. Las leyes, no olvidéis, pueden ser clientelares, responden en ocasiones a sus amos. Si el gobierno decide hoy que es ilegal que yo esté en una plaza a partir de las 10 de la noche y asimila esta unilateralidad a la legalidad ellos me convierten lógicamente en ilegal. Es una semántica al mejor postor. Es mentira, razonistas, que nadie arranque de cuajo nada.

2. Es mentira que estén desligados de los movimientos antisistema. No propugnan la reforma del actual estado de cosas sino, por subversiva elevación, la destrucción del orden establecido para levantar otro: el clásico sueño utópico de no pocos totalitarismos. Demagogia. Reducen antisistema a malo, y lo reducen a una sola palabra. Antisistema es amplio, puede ser un abuelo que no ve justo el progresivo privatizar de la sanidad, o puede ser un joven que no entiende cómo se ha hecho para llegar a un punto en el que no tiene oportunidades laborales, o puede ser una persona que no entiende por qué la especulación millonaria de los bancos se paga impunemente con dinero público. Todo esto puede ser estrictamente antisistema. Ellos, los razonistas, se esfuerzan por asociar antisistema a violencia, cuando no creo que en asamblea nadie apruebe ese uso de la violencia. Un cero a los razonistas por simplistas.  

3. Es mentira que presenten herramientas concretas para el cambio. Simplemente han trazado unas líneas-fuerza y objetivos a conquistar, muchos inaceptables en el mundo desarrollado y en la Europa civilizada, menos bien entrados ya en el siglo XXI. Prepotentes los razonistas; el cambio puede empezar legislando la honradez, por citar una gota en un océano. Si quieren erigirse en doctos deberán esforzarse más que lanzar argumentos menos propagandísticos y más fundados.

 4. Es mentira que defiendan a los políticos responsables. Los han criminalizado en su conjunto confundiendo deliberadamente a justos con pecadores, a ejemplares con incompetentes, a formidables gestores con ladrones y gorrones, negándose por añadidura a condenar casos flagrantes de corrupción protagonizados por cargos públicos y sindicalistas de «la izquierda». Son de dominio público actos contra PP, PSOE e IU. Sección de autocrítica, puede que se haya pecado de criminalización en su conjunto. Hay políticos honrados, por supuesto, pero duelen tanto los otros… Hubo un gobierno de una comunidad que dio 15 millones de euros a un arquitecto por presentar un proyecto de unos edificios (y una preciosa maqueta), ¿no es para clamar al cielo cuando para este caso está institucionalizada la impunidad? Me solidarizo en este caso con los injustos indignados.  

5. Es mentira que defiendan a quienes están sufriendo la crisis. Sus salvajes estragos han generado pérdidas extraordinarias a honrados comerciantes que luchan cada día por sobrevivir y que han visto atacados sus derechos, sus libertades y sus propiedades con daños calculados en decenas de millones de euros. Salvajes estragos: literatura barata. Daños calculados: cuestionable. Sol estuvo en obras durante más de 2 años, nadie arremete contra eso ni contra los perjuicios que eso tuvo. Han salido datos, el turismo en la capital ha aumentado desde el año pasado, ayer según medios razonistas las tiendas seguían abiertas con total normalidad, traducido a oídos sordos: decenas de miles de personas respetaron la apertura de los comercios. La mentira parece mentira.  

6. Es mentira que quieran más democracia y que la soberanía resida en el pueblo. Propugnan, simplemente, la ruptura hacia un modelo mixto de perfiles socialistas, comunistas y anarquistas: en absoluto se sienten incómodos con experimentos como los bolivarianos, que tanto daño han hecho a las sociedades abiertas ¿Bolivarianos? Algún razonista está subscrito a demasiados panfletos de su palo. Se podría debatir mucho lo que aluden en esta frase. Como poco debatir mucho. Aunque usen su nombre no pueden acaparar ellos la Razón, no gratuitamente (tampoco a 1,30€).  

7. Es mentira que sean pacifistas. Han cruzado la línea de la desobediencia civil o la objeción de conciencia, ejerciendo la violencia a través de tácticas de guerrilla urbana que en casos concretos como en Cataluña han representado una verdadera vergüenza nacional Ayer fue un ejemplo de algo, creo. La portada razonista de ese día después es claramente falsa. Aluden a episodios violentos como los de Cataluña. Hay violentos que deben marginarse dentro del movimiento y se hacen esfuerzos para que así sea. ¿Guerrilla urbana? La policía parece ejército. Y el ejército siempre fue a los fuertes lo que la guerrilla urbana fue a los débiles. Y no justifico nada. Ayer hubo paz desde la indignación.  

8. Es mentira que crean implacablemente en el sufragio. Si no hubiese partidos de su gusto a los que poder votar, ya habrían fundado uno (superando su pereza y trascendiendo sus alborotos) para poder ejercer un derecho político y constitucional sagrado en la modernidad Cortos de entendederas. Es posible creer en algo que no sean partidos. Denigrante que hablen de pereza, decenas de miles de personas se han coordinado para articular una esperanza de una forma en la que pocos precedentes hay. Aquí llego al punto de recriminar a los razonistas una clara maldad. La ignorancia es perdonable, la maldad da asco.  

9. Es mentira que se rebelen contra toda forma de injusticia social. Carece de toda justicia que, en su obsesión por privatizar los espacios de todos por la vía de los tenderetes, hayan hurtado a compatriotas corrientes y molientes de su libertad de movimientos llegando a dañar la propia salud pública. Demagogia. Siempre es un argumento de los destructores. Si clamo por los derechos de los animales siempre me dirán que por qué no lucho por lo de las personas. Si lucho por mis compatriotas siempre me dirán que por qué no lucho por los países en vías de desarrollo. Si lucho por los países en vías de desarrollo siempre me dirán que qué hago intentando arreglar el mundo, que cambien mi entorno. No entiendo lo de la salud pública, ahí el corto de entendederas soy yo. Al igual que lo de privatizar espacios públicos, yo lo veo como darle un uso temporal. No alcanzo a entenderlo en su magnitud. “Obsesión por privatizar los espacios de todos”, esto trae muchas ideas a mi cabeza. Solamente una: ¿nadie “razona” sobre la privatización de las aceras en beneficio de las terrazas de los bares? Ah, perdón, los bares pagan con dinero esa ocupación, y se da la situación de que la acera (espacio público y de todos) sólo está ocupada por los que pagan (bares) y los que pagan (clientes).  

10. Es mentira que sean solidarios. Si así fuese, no estarían ocupando las plazas de España sino, de forma callada, ayudando a servir platos de sopa a los hambrientos y los pobres que se multiplican cada día en este país y encuentran el amparo en organizaciones vinculadas a la Iglesia. No me resisto a escribir completo mi argumento anterior: Demagogia. Siempre es un argumento de los destructores. Si clamo por los derechos de los animales siempre me dirán que por qué no lucho por lo de las personas. Si lucho por mis compatriotas siempre me dirán que por qué no lucho por los países en vías de desarrollo. Si lucho por los países en vías de desarrollo siempre me dirán que qué hago intentando arreglar el mundo, que cambien mi entorno. ¿Entiendo que los redactores razonistas sí son solidarios o se definen como no-solidarios? Yo me parecen bellas ciertas labores de la Iglesia, al igual que la labor (no lo olviden los razonistas) de cientos de ONGs.  

11. Es mentira que sean apartidistas. Sencillamente se oponen a «algunos» partidos que no son de su agrado: los que propugnan, con mayor o menor acierto, programas de gobierno socialdemócratas, liberales o conservadores. ¿Tanto movimiento, tantas páginas escritas, tanto publicado en internet sin pedir voto a ningún partido y se habla de oposición a algunos? Se busca una criminalización sin argumentos. Panfletarismo de los razonistas, a falta de más argumentos.  

12. Es mentira que se organicen de forma horizontal. En la planificación, la ejecución y el control de sus acciones se rigen, en última instancia y en los momentos decisivos, por patrones verticales de corte soviético. Evidentemente queda bien para los razonistas hablar de corte soviético. Menos mal que no han dicho que se organizan como las hormigas, o como los babuinos, o como los antiguos atenienses (en este caso con más prestigio, y también vendría a cuento, lo digo por las asambleas). Solamente por buscar así en rápido similitudes y parecidos “razonables”.  

13. Es mentira que se rebelen contra toda forma de impunidad. Se han esforzado en cortocircuitar las penas y las multas para muchos de los que, más allá de las soflamas de turno, han perpetrado delitos tipificados en el Código Penal. Aquí mi visión es clara: si alguien atenta contra un bien público (cristales de tiendas, papeleras, coches, farolas, largo etc.) que lo pague según lo tipificado. Creo en la resistencia pacífica es más bonita e incluso más inteligente. Hay que tener en consideración aquí la guerra de versiones, y hasta qué punto puede haber infiltrados en las manifestaciones. En ambos bandos (no me gusta dividir en bandos), el que la haga que lo pague, sean policías o ciudadanos.

 14. Es mentira que representen lo que la mayoría piensa. Sus acólitos no se miden por millones ni en las calles (como se comprueba ya estos días), ni en los registros de firmas de sus manifiestos (basta con acceder a sus páginas en internet). Otra vez guerra de cifras, hay encuestas que cifran en un apoyo popular del 60 % al 15M, de la población total de España, hablo. Es un argumento triste y recurrente el de minimizar y ningunear la presencia de gente en las calles. Sea reivindicando la familia o pidiendo el cambio del sistema político, para que decenas de miles de personas lleguen al punto de ebullición de salir a la calle esto, inequívocamente significa que hay mucha otra gente a muy alta temperatura (siguiendo el símil de la ebullición), es decir, detrás de muchos miles de personas en las calles hay una gran base por debajo. Los dominantes, razonistas y otros intentan ningunearlo, en una especie de guerra de guerrillas.

 15. Es mentira que sean inconformistas. Hay que ser mansos y oportunistas para generar estallidos de rebeldía sólo cuando el calendario y el buen tiempo lo ponen en bandeja Me encanta esta. Es mi preferida. Bienaventurados los mansos.

Me viene a la cabeza un anuncio cuyo concepto me parece genial. Es el de “Benditos malvados”, de una operadora de telefonía. Agradezco desde aquí a los malvados que nos ayudan a seguir soñando, seguir articulando ideas y pensamientos, seguir escribiendo. Les agradezco sin odio y también sin admiración.

PD. Por cierto, dado el carácter despectivo que algunos hacen de la palabra y el concepto de "utopía", ¿a ningún razonista en un uso pleno de su Razón se le ha ocurrido leer a Ricoeur? Una pista: Ideología y Utopía.

jueves, 29 de marzo de 2012

Huelga general, prisma de pensamiento

Hablemos de huelga general, hablemos de huelga. Hablemos desde seis diferentes perspectivas para mostrar algo que es lo suficientemente complejo, y aún así será una muestra parcial, incompleta, pero a la vez se sacarán matices en una época donde predomina el volumen.


Hablemos de huelga, y hablemos de huelga desde la situación laboral de los trabajadores, desde el recorte de derechos, desde la apuesta gubernamental de apoyar las empresas en contra de los trabajadores para paradójicamente apoyar así a los trabajadores. La palabra clave aquí es paradójicamente. Yo no comprendo esa paradoja, nada, otros quizás sí, y no sé la verdad que se oculta a esto, pero en mi opinión es un sinsentido. Quitar derechos a los trabajadores lo entiendo como quitar derechos a los trabajadores. La flexibilidad otorgada a las empresas debería ser milimétricamente controlada para asegurar que el beneficio derivado de las medidas adoptadas a su favor revierta de verdad en los trabajadores y no en las cuentas de beneficios (o atenuamiento de pérdidas) de unos pocos. Y eso al menos yo tampoco lo veo.

Hablemos de huelga, coloreemos con un poco de perspectiva el tema. Esta huelga viene a defender los derechos recortados de los trabajadores. Yo, por encima de esto, creo aún más en los derechos de las personas, y de forma aplicada creo en los derechos de las personas en nuestra sociedad. Es bonito ver cómo la gente se aúna por sus derechos, es justo, y sería bello ver también a esa gente unida por otros ideales igual de reales. ¿Qué hay de los derechos de la gente que duerme en la calle? ¿Qué pasa con la progresiva privatización de los servicios que perjudica, claro está, a las personas con menos recursos? Hay muchas causas para salir a la calle, pero los sindicatos priman y exclusivizan el significado de las huelgas generales para “beneficio” de los trabajadores. Esto es una herencia histórica que habla de la construcción de las sociedades industriales. En las sociedades actuales es en la comparación donde se encuentra el agravio. Huelga, desde esta perspectiva, es ejercer la fuerza desde la no asistencia a los trabajos para reivindicar medidas relacionadas con los trabajadores. Como en otras ocasiones el que tiene más voz tiene más grito. Pienso en los que no tienen voz.

Hablemos de huelga, como una guerra de símbolos. Más allá de la verdad y la mentira una huelga general es una guerra de propaganda, gobierno y sindicatos tuercen la realidad hacia sus intereses. Todos mienten y todos aceptamos sus mentiras. Es la guerra del símbolo, gana el que parece que ha ganado. Los incondicionales de cada polaridad se despiertan, indefectiblemente, ganadores el día siguiente.

Hablemos de huelga, y hablemos de la huelga como un asesinato de los matices. En estas situaciones todo se polariza aún más, sindicalistas y esquiroles, rojos y fachas, secundadores y no secundadores, seguidistas y pasotas, los que van y los que no van, se entiende que todos aspiran a reivindicar su posición. Y todos somos contados desde los polarizados. El que va a la huelga pasa a engrosar una lista de los sindicatos, que asumen (aventuradamente) su apoyo incondicional, pasar a engrosar un número que es el indicador del seguimiento de la huelga. El que no va a la huelga parece ser que está en contra de la huelga, y a favor de las medidas gubernamentales, cual militantes del partido en el poder. Olvidamos en estos procesos muchas cosas, muchos matices, que se pueden dividir en:
- Matices externos: existe violencia imbricada en las organizaciones. Violencia de empresas, algunas, que crean un ambiente hostil en los trabajadores y de forma implícita o explícita hacen por evitar la huelga de sus trabajadores. Violencia de los piquetes (no) informativos, algunos, que coartan la libertad de las personas, obligan a quebrantar voluntades individuales, ejercen fuerza contra personas que son libres de ejercer o no su derecho a huelga, desmerecen a los que no piensan como ellos. Violencia.
- Matices internos: se olvidan alegremente todos los bellos matices internos a las personas, el que va a la huelga odiando a los sindicatos pero defendiendo unos derechos perdidos, el que no va a la huelga porque no puede permitirse el estigma o la pérdida económica, el que no es valiente para enfrentarse a esas miradas. El que tiene dudas, y al final, evidentemente, hace una cosa u otra (y sea una cosa u otra).
Los matices nos salvan, aunque muchos se empeñen en simplificar. La vida no es simple. No es éxito o fracaso, no es ir o no ir (aunque al final se vaya o no se vaya), no está ahí el debate. Se esfuerzan en pensarnos simples, y si nos despistamos lo logran.


Hablemos de huelga, y hablemos de huelga diferenciando sectores. Con muchos no me meto, es una decisión personal y con ciertos tonos asépticos: nadie tiene un perjuicio demasiado directo o severo. Hablemos de sectores más sociales, gente que atiende a gente, gente que atiende a la gente más desterrada de la sociedad que no entiende de huelgas, y pienso (otra vez) en gente que vive en la calle, en gente que está en hospitales, gente con problemas mentales, psicológicos, psiquiátricos, gente que requiere atención, niños y jóvenes en programas y asociaciones, que los hay. La gente que trabaja por la gente, a mi juicio, y si así lo desea, está exenta de el deber que se puede esconder detrás del derecho. Si yo trabajara atendiendo a gente en situación crítica me debería a esa gente y no necesitaría hacer mostrar a las jerarquías mi descontento desatendiendo a esa gente. Lo social funciona aparte. No olvidemos a la gente, porque en ella todo se origina.

Hablemos de huelga y de eventos históricos, en cambiar la sociedad, en influir en la sociedad, en el país y en el mundo. Descreo de nuestro compromiso con la historia. Creo en nuestro compromiso desde lo pequeño. Cambiemos nuestro ser y cambiemos nuestro entorno; no trabajemos por cambiar el mundo porque eso si viene vendrá desde lo anterior. Los cambios (no autoritarios) que vengo adorando coinciden en tener ciertas dosis de espontaneidad no calculada. Renuncio a calcular el mundo ideal, es más fácil luchar por lo que nuestras manos pueden alcanzar y tocar.

sábado, 3 de marzo de 2012

Olvido en política

Política y olvido. Es feo cuando la política se liga de forma implícita al olvido. ¿Es lícito criticar lo que antes no criticaste? ¿Es verdadero llorar lo que antes ignoraste? ¿Es verdadero vivir la situación antes que los ideales?
Porque la situación marca una necesidad de estrategia.
Por el contrario los ideales requieren una honradez.

Cuando la política y los políticos viven la situación puede ocurrir que…

Puede ocurrir que en el mejor de los casos tengan un deseo sincero de ayudar a la sociedad, puede ser que sean conscientes de esa idea tan afín al político de que los cambios vienen desde el dominio del poder, puede ser que crean en ese bien mayor y planteen un escenario de buenos y malos, o de verdad y mentira, o de acierto y equivocación, es todo lo mismo, es factible pensar que pensarán estrategias para controlar ese poder, estrategias en las que en medio quedan los ciudadanos, aquellos a quienes al menos en teoría al final sirven, las estrategias se plantean como se plantean las estrategias en nuestro pensar occidental, es decir, aprovechar la situación, decir blanco cuando blanco proceda ser dicho, o decir negro cuando ello proceda, pensar bien la aritmética del voto, esto con un cierto, existente y excusable matiz de coherencia ideológica.

Cuando la política y los políticos viven las ideas que les unen ocurre que…

Ocurre que ese político no olvida en lo que cree, y dirá siempre lo que cree, sin tratar de excusarse, no tratará de manipular al ciudadano con su lenguaje, porque eso es insultar al ciudadano al falso precio de optar a seguir manteniendo el poder, no pretenderá estar en el poder más allá del alcance de sus ideas (la escena política muestra que el poder se mantiene a base del uso del poder, en vez de la posibilidad de mantener el poder en base a las ideas, siendo más limitado y verdadero el segundo caso). Por eso este político piensa bien lo que dice, porque el oportunismo no está en su agenda, y su vida profesional será seguramente más corta e injusta.

Queda sólo condenar los alejamientos, rescatar la memoria y deslegitimizar el intencionado olvido, porque ocurre con excesiva frecuencia y con igual y excesiva complacencia de los respectivos incondicionales.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Alter-nativas

Por eso de acabar el año con una apoteosis sin mesura, desentendiéndome de precauciones y de intermediarios, por señalar a un sitio lo suficientemente alto como para apuntarlo no solo en el cuaderno de cosas-para-no-olvidar sino también en el cuaderno de cosas-para-repasar-con-perodicidad, lanzo una reflexión ya hecha por un tal SCHATTSCHNEIDER:

La definición de las alternativas es el instrumento supremo del poder. Aquel que determina de qué se trata la política maneja a la nación, porque la definición de las alternativas es la elección de los conflictos y la elección de conflictos localiza el poder

Surge una pregunta en la cual cada uno debe responderse con una humildad crítica: ¿en qué empleo mi energía?
¿Quiero presentarme voluntario en todas las discusiones?
Seamos ricos: generemos nuevas discusiones como antesala de nuevas alternativas, o viceversa.

lunes, 31 de octubre de 2011

Lo que no queremos

Es a veces la lógica la que nos impide y nos incapacita.

¿Qué es aquello que también necesitamos? Lo que no queremos, lo que no nos hace falta. Es eso lo que finalmente nos va a salvar de una parte no-bonita de nosotros.
Y es por eso que
- el nacionalista necesita viajar y adorar otras tierras
- y ese militante de la izquierda de la izquierda debe leer La Razón y ver Telemadrid
- y el apóstata recuperar el concepto de caridad desde el ostracismo, al menos un poquito
- y el defensor de la familia aprender a ver la familia en las personas y no en las estructuras
- y el creyente amar al ateo, como si diera igual creer

Porque hacerlo nos enriquece, porque incorporamos nuevos enfoques, porque NO lo olvidemos, hay gente buena que cree en ideas diferentes a las nuestras, y si crear otra política es nuestra intención, deberemos aprender a buscar el "otros" en el "nos-otros".
Y huir, correr muy rápido, escaparnos de los colores puros, de las razas arias, de los titulares demasiado claros.

jueves, 4 de agosto de 2011

15-M reflexiones

Hablando del 15-M se podrían y se van a escribir libros. El tema recoge una amplitud de ideas y análisis que escapan a cualquier resumen. Solamente unos esbozos:
- ¿Es un movimiento político el 15-M? Claramente sí, fuera de los cauces habituales pero sí, es una forma de reivindicación de otra política, ajena a los estándares habituales.
- ¿Servirá para algo el 15-M? El movimiento sigue, y por tanto es incompleta cualquier evaluación a día de hoy. Pero ya ha servido. Ha servido para des-oxidar la ilusión (a través de la indignación) para reivindicar el movimiento como origen del cambio, ha servido para recordar que no hemos olvidado las utopías. Los individuos estamos biológicamente vivos, pero a nivel de sociedad el 15-M recuerda que los ciudadanos estamos socialmente vivos.
- ¿Representan al conjunto de la sociedad? Con usos tendenciosos se afirma que al fin y al cabo, aun siendo miles, son pocos comparados con (como dijo una vez un político) la “mayoría silenciosa que no se manifiesta”; lo cual es una aproximación intencionadamente errónea. Esta movilización cuasi-permanente de miles de personas reflejan un amplio sentir. ¿Qué es lo último que interesa a estos políticos ciegos? Constatar mediante alguna encuesta el grado de aceptación social que tiene el 15-M, quizás les asuste ver escrito que por cada uno que sale hay 100 que no salen y lo apoyan. El no hacer un estudio de este tipo contribuye a desinformarnos y a hacernos creer menos fuertes. Pero todo apunta a que el movimiento tiene una amplia acogida social.
- ¿Qué deberían hacer en el 15-M para lograr cosas? Ya están logrando cosas. Pautas para influir más: huir de abstracciones, presentar propuestas concretas, mantenerse despolitizados respecto a la política habitual (perderá fuerza si lo reducimos a la izquierda de esa disfuncional dicotomía izquierda-derecha), gestionar las fuerzas con repuntes y descansos, invertir fuerza en coordinarse siempre y más.
- ¿Es lícito ocupar las plazas? El movimiento se desarrolla desde la resistencia pacífica (aunque haya quien viole este principio), y las plazas son espacios públicos, tomar una plaza en estos términos es llamar socialmente a la vida, juntarse gente que aspira a mejorar la sociedad, intentando no provocar perjuicio a nadie, ¿qué hay mejor que eso? Molesta porque atenta simbólicamente contra el trasnochado orden imperante, recuerda que hay cosas en el sistema que no funcionan y de las que no se hablan. Ocupar la calle. Es bonito, puede ser el principio de algo.
- ¿Ocasionan perjuicios a los comerciantes? No más que las eternas obras que asolaron SOL. No más que la policía, que ha tomado recientemente la plaza de SOL. Pero también esos miles de personas quizás compren una botella de agua, o algo de comida, o lo que sea. Al argumento se le puede dar la vuelta. Por tanto es un argumento demagógico. Si ese es todo el mal que provoca el 15-M parece que está yendo todo bastante bien. Los sueldos vitalicios de algunos políticos restan mi renta real, me perjudican. Que Telefónica con beneficios record ejecute un ERE me perjudica, hay más parados que tiran del sistema hacia abajo, me perjudica esa gran empresa por su forma de proceder. Y podría ser una larga lista.
- ¿Cuáles deberían ser las reivindicaciones más importantes? Yo pondría las primeras aquellas que fueran capaces de autoregular el sistema hacia un sitio mejor: mejoraría el sistema si se exigiera una transparencia atroz de las cuentas a todos los niveles políticos, si se castigara sin contemplaciones la corrupción, si se abriera un debate sobre la ley electoral. Este tipo de cosas cambiaría las normas del juego, y darían pie para acometer otras reformas igual o más importantes. Es una cuestión de orden y estrategia.

El 15-M es un sueño con jirones de realidad de una sociedad que se mueve.

viernes, 6 de mayo de 2011

Medicina de Campaña

Ahora que comienza la campaña electoral no está de más recordar unas palabras de Platón, por evitar males mayores y no perdernos en euforias vacías, porque aún nos sentimos jóvenes:

Cuando en las asambleas públicas, en el foro, en el teatro, en el campo o en cualquier otro sitio donde la multitud se reúne, aprueban o desaprueban ciertas palabras y ciertas acciones con gran estruendo, grandes gritos y palmadas, redoblados por los ecos y las bóvedas. ¿Qué efecto crees que producirán tales escenas en el corazón de un joven? Por excelente que sea la educación que ha recibido, ¿no naufragará necesariamente en medio de estas oleadas de alabanzas y de críticas? ¿Podrá resistir a la corriente que le arrastra? ¿No conformará sus juicios con los de la multitud sobre lo que es bueno y vergonzoso y procurará imitarla?

(La República)