Hablemos de huelga general, hablemos de huelga. Hablemos desde seis diferentes perspectivas para mostrar algo que es lo suficientemente complejo, y aún así será una muestra parcial, incompleta, pero a la vez se sacarán matices en una época donde predomina el volumen.
Hablemos de huelga, y hablemos de huelga desde la situación laboral de los trabajadores, desde el recorte de derechos, desde la apuesta gubernamental de apoyar las empresas en contra de los trabajadores para paradójicamente apoyar así a los trabajadores. La palabra clave aquí es paradójicamente. Yo no comprendo esa paradoja, nada, otros quizás sí, y no sé la verdad que se oculta a esto, pero en mi opinión es un sinsentido. Quitar derechos a los trabajadores lo entiendo como quitar derechos a los trabajadores. La flexibilidad otorgada a las empresas debería ser milimétricamente controlada para asegurar que el beneficio derivado de las medidas adoptadas a su favor revierta de verdad en los trabajadores y no en las cuentas de beneficios (o atenuamiento de pérdidas) de unos pocos. Y eso al menos yo tampoco lo veo.
Hablemos de huelga, coloreemos con un poco de perspectiva el tema. Esta huelga viene a defender los derechos recortados de los trabajadores. Yo, por encima de esto, creo aún más en los derechos de las personas, y de forma aplicada creo en los derechos de las personas en nuestra sociedad. Es bonito ver cómo la gente se aúna por sus derechos, es justo, y sería bello ver también a esa gente unida por otros ideales igual de reales. ¿Qué hay de los derechos de la gente que duerme en la calle? ¿Qué pasa con la progresiva privatización de los servicios que perjudica, claro está, a las personas con menos recursos? Hay muchas causas para salir a la calle, pero los sindicatos priman y exclusivizan el significado de las huelgas generales para “beneficio” de los trabajadores. Esto es una herencia histórica que habla de la construcción de las sociedades industriales. En las sociedades actuales es en la comparación donde se encuentra el agravio. Huelga, desde esta perspectiva, es ejercer la fuerza desde la no asistencia a los trabajos para reivindicar medidas relacionadas con los trabajadores. Como en otras ocasiones el que tiene más voz tiene más grito. Pienso en los que no tienen voz.
Hablemos de huelga, como una guerra de símbolos. Más allá de la verdad y la mentira una huelga general es una guerra de propaganda, gobierno y sindicatos tuercen la realidad hacia sus intereses. Todos mienten y todos aceptamos sus mentiras. Es la guerra del símbolo, gana el que parece que ha ganado. Los incondicionales de cada polaridad se despiertan, indefectiblemente, ganadores el día siguiente.
Hablemos de huelga, y hablemos de la huelga como un asesinato de los matices. En estas situaciones todo se polariza aún más, sindicalistas y esquiroles, rojos y fachas, secundadores y no secundadores, seguidistas y pasotas, los que van y los que no van, se entiende que todos aspiran a reivindicar su posición. Y todos somos contados desde los polarizados. El que va a la huelga pasa a engrosar una lista de los sindicatos, que asumen (aventuradamente) su apoyo incondicional, pasar a engrosar un número que es el indicador del seguimiento de la huelga. El que no va a la huelga parece ser que está en contra de la huelga, y a favor de las medidas gubernamentales, cual militantes del partido en el poder. Olvidamos en estos procesos muchas cosas, muchos matices, que se pueden dividir en:
- Matices externos: existe violencia imbricada en las organizaciones. Violencia de empresas, algunas, que crean un ambiente hostil en los trabajadores y de forma implícita o explícita hacen por evitar la huelga de sus trabajadores. Violencia de los piquetes (no) informativos, algunos, que coartan la libertad de las personas, obligan a quebrantar voluntades individuales, ejercen fuerza contra personas que son libres de ejercer o no su derecho a huelga, desmerecen a los que no piensan como ellos. Violencia.
- Matices internos: se olvidan alegremente todos los bellos matices internos a las personas, el que va a la huelga odiando a los sindicatos pero defendiendo unos derechos perdidos, el que no va a la huelga porque no puede permitirse el estigma o la pérdida económica, el que no es valiente para enfrentarse a esas miradas. El que tiene dudas, y al final, evidentemente, hace una cosa u otra (y sea una cosa u otra).
Los matices nos salvan, aunque muchos se empeñen en simplificar. La vida no es simple. No es éxito o fracaso, no es ir o no ir (aunque al final se vaya o no se vaya), no está ahí el debate. Se esfuerzan en pensarnos simples, y si nos despistamos lo logran.
Hablemos de huelga, y hablemos de huelga diferenciando sectores. Con muchos no me meto, es una decisión personal y con ciertos tonos asépticos: nadie tiene un perjuicio demasiado directo o severo. Hablemos de sectores más sociales, gente que atiende a gente, gente que atiende a la gente más desterrada de la sociedad que no entiende de huelgas, y pienso (otra vez) en gente que vive en la calle, en gente que está en hospitales, gente con problemas mentales, psicológicos, psiquiátricos, gente que requiere atención, niños y jóvenes en programas y asociaciones, que los hay. La gente que trabaja por la gente, a mi juicio, y si así lo desea, está exenta de el deber que se puede esconder detrás del derecho. Si yo trabajara atendiendo a gente en situación crítica me debería a esa gente y no necesitaría hacer mostrar a las jerarquías mi descontento desatendiendo a esa gente. Lo social funciona aparte. No olvidemos a la gente, porque en ella todo se origina.
Hablemos de huelga y de eventos históricos, en cambiar la sociedad, en influir en la sociedad, en el país y en el mundo. Descreo de nuestro compromiso con la historia. Creo en nuestro compromiso desde lo pequeño. Cambiemos nuestro ser y cambiemos nuestro entorno; no trabajemos por cambiar el mundo porque eso si viene vendrá desde lo anterior. Los cambios (no autoritarios) que vengo adorando coinciden en tener ciertas dosis de espontaneidad no calculada. Renuncio a calcular el mundo ideal, es más fácil luchar por lo que nuestras manos pueden alcanzar y tocar.
jueves, 29 de marzo de 2012
sábado, 3 de marzo de 2012
Olvido en política
Política y olvido. Es feo cuando la política se liga de forma implícita al olvido. ¿Es lícito criticar lo que antes no criticaste? ¿Es verdadero llorar lo que antes ignoraste? ¿Es verdadero vivir la situación antes que los ideales?
Porque la situación marca una necesidad de estrategia.
Por el contrario los ideales requieren una honradez.
Cuando la política y los políticos viven la situación puede ocurrir que…
Puede ocurrir que en el mejor de los casos tengan un deseo sincero de ayudar a la sociedad, puede ser que sean conscientes de esa idea tan afín al político de que los cambios vienen desde el dominio del poder, puede ser que crean en ese bien mayor y planteen un escenario de buenos y malos, o de verdad y mentira, o de acierto y equivocación, es todo lo mismo, es factible pensar que pensarán estrategias para controlar ese poder, estrategias en las que en medio quedan los ciudadanos, aquellos a quienes al menos en teoría al final sirven, las estrategias se plantean como se plantean las estrategias en nuestro pensar occidental, es decir, aprovechar la situación, decir blanco cuando blanco proceda ser dicho, o decir negro cuando ello proceda, pensar bien la aritmética del voto, esto con un cierto, existente y excusable matiz de coherencia ideológica.
Cuando la política y los políticos viven las ideas que les unen ocurre que…
Ocurre que ese político no olvida en lo que cree, y dirá siempre lo que cree, sin tratar de excusarse, no tratará de manipular al ciudadano con su lenguaje, porque eso es insultar al ciudadano al falso precio de optar a seguir manteniendo el poder, no pretenderá estar en el poder más allá del alcance de sus ideas (la escena política muestra que el poder se mantiene a base del uso del poder, en vez de la posibilidad de mantener el poder en base a las ideas, siendo más limitado y verdadero el segundo caso). Por eso este político piensa bien lo que dice, porque el oportunismo no está en su agenda, y su vida profesional será seguramente más corta e injusta.
Queda sólo condenar los alejamientos, rescatar la memoria y deslegitimizar el intencionado olvido, porque ocurre con excesiva frecuencia y con igual y excesiva complacencia de los respectivos incondicionales.
Porque la situación marca una necesidad de estrategia.
Por el contrario los ideales requieren una honradez.
Cuando la política y los políticos viven la situación puede ocurrir que…
Puede ocurrir que en el mejor de los casos tengan un deseo sincero de ayudar a la sociedad, puede ser que sean conscientes de esa idea tan afín al político de que los cambios vienen desde el dominio del poder, puede ser que crean en ese bien mayor y planteen un escenario de buenos y malos, o de verdad y mentira, o de acierto y equivocación, es todo lo mismo, es factible pensar que pensarán estrategias para controlar ese poder, estrategias en las que en medio quedan los ciudadanos, aquellos a quienes al menos en teoría al final sirven, las estrategias se plantean como se plantean las estrategias en nuestro pensar occidental, es decir, aprovechar la situación, decir blanco cuando blanco proceda ser dicho, o decir negro cuando ello proceda, pensar bien la aritmética del voto, esto con un cierto, existente y excusable matiz de coherencia ideológica.
Cuando la política y los políticos viven las ideas que les unen ocurre que…
Ocurre que ese político no olvida en lo que cree, y dirá siempre lo que cree, sin tratar de excusarse, no tratará de manipular al ciudadano con su lenguaje, porque eso es insultar al ciudadano al falso precio de optar a seguir manteniendo el poder, no pretenderá estar en el poder más allá del alcance de sus ideas (la escena política muestra que el poder se mantiene a base del uso del poder, en vez de la posibilidad de mantener el poder en base a las ideas, siendo más limitado y verdadero el segundo caso). Por eso este político piensa bien lo que dice, porque el oportunismo no está en su agenda, y su vida profesional será seguramente más corta e injusta.
Queda sólo condenar los alejamientos, rescatar la memoria y deslegitimizar el intencionado olvido, porque ocurre con excesiva frecuencia y con igual y excesiva complacencia de los respectivos incondicionales.
viernes, 30 de diciembre de 2011
Alter-nativas
Por eso de acabar el año con una apoteosis sin mesura, desentendiéndome de precauciones y de intermediarios, por señalar a un sitio lo suficientemente alto como para apuntarlo no solo en el cuaderno de cosas-para-no-olvidar sino también en el cuaderno de cosas-para-repasar-con-perodicidad, lanzo una reflexión ya hecha por un tal SCHATTSCHNEIDER:
La definición de las alternativas es el instrumento supremo del poder. Aquel que determina de qué se trata la política maneja a la nación, porque la definición de las alternativas es la elección de los conflictos y la elección de conflictos localiza el poder
Surge una pregunta en la cual cada uno debe responderse con una humildad crítica: ¿en qué empleo mi energía?
¿Quiero presentarme voluntario en todas las discusiones?
Seamos ricos: generemos nuevas discusiones como antesala de nuevas alternativas, o viceversa.
La definición de las alternativas es el instrumento supremo del poder. Aquel que determina de qué se trata la política maneja a la nación, porque la definición de las alternativas es la elección de los conflictos y la elección de conflictos localiza el poder
Surge una pregunta en la cual cada uno debe responderse con una humildad crítica: ¿en qué empleo mi energía?
¿Quiero presentarme voluntario en todas las discusiones?
Seamos ricos: generemos nuevas discusiones como antesala de nuevas alternativas, o viceversa.
lunes, 31 de octubre de 2011
Lo que no queremos
Es a veces la lógica la que nos impide y nos incapacita.
¿Qué es aquello que también necesitamos? Lo que no queremos, lo que no nos hace falta. Es eso lo que finalmente nos va a salvar de una parte no-bonita de nosotros.
Y es por eso que
- el nacionalista necesita viajar y adorar otras tierras
- y ese militante de la izquierda de la izquierda debe leer La Razón y ver Telemadrid
- y el apóstata recuperar el concepto de caridad desde el ostracismo, al menos un poquito
- y el defensor de la familia aprender a ver la familia en las personas y no en las estructuras
- y el creyente amar al ateo, como si diera igual creer
Porque hacerlo nos enriquece, porque incorporamos nuevos enfoques, porque NO lo olvidemos, hay gente buena que cree en ideas diferentes a las nuestras, y si crear otra política es nuestra intención, deberemos aprender a buscar el "otros" en el "nos-otros".
Y huir, correr muy rápido, escaparnos de los colores puros, de las razas arias, de los titulares demasiado claros.
¿Qué es aquello que también necesitamos? Lo que no queremos, lo que no nos hace falta. Es eso lo que finalmente nos va a salvar de una parte no-bonita de nosotros.
Y es por eso que
- el nacionalista necesita viajar y adorar otras tierras
- y ese militante de la izquierda de la izquierda debe leer La Razón y ver Telemadrid
- y el apóstata recuperar el concepto de caridad desde el ostracismo, al menos un poquito
- y el defensor de la familia aprender a ver la familia en las personas y no en las estructuras
- y el creyente amar al ateo, como si diera igual creer
Porque hacerlo nos enriquece, porque incorporamos nuevos enfoques, porque NO lo olvidemos, hay gente buena que cree en ideas diferentes a las nuestras, y si crear otra política es nuestra intención, deberemos aprender a buscar el "otros" en el "nos-otros".
Y huir, correr muy rápido, escaparnos de los colores puros, de las razas arias, de los titulares demasiado claros.
jueves, 4 de agosto de 2011
15-M reflexiones
Hablando del 15-M se podrían y se van a escribir libros. El tema recoge una amplitud de ideas y análisis que escapan a cualquier resumen. Solamente unos esbozos:
- ¿Es un movimiento político el 15-M? Claramente sí, fuera de los cauces habituales pero sí, es una forma de reivindicación de otra política, ajena a los estándares habituales.
- ¿Servirá para algo el 15-M? El movimiento sigue, y por tanto es incompleta cualquier evaluación a día de hoy. Pero ya ha servido. Ha servido para des-oxidar la ilusión (a través de la indignación) para reivindicar el movimiento como origen del cambio, ha servido para recordar que no hemos olvidado las utopías. Los individuos estamos biológicamente vivos, pero a nivel de sociedad el 15-M recuerda que los ciudadanos estamos socialmente vivos.
- ¿Representan al conjunto de la sociedad? Con usos tendenciosos se afirma que al fin y al cabo, aun siendo miles, son pocos comparados con (como dijo una vez un político) la “mayoría silenciosa que no se manifiesta”; lo cual es una aproximación intencionadamente errónea. Esta movilización cuasi-permanente de miles de personas reflejan un amplio sentir. ¿Qué es lo último que interesa a estos políticos ciegos? Constatar mediante alguna encuesta el grado de aceptación social que tiene el 15-M, quizás les asuste ver escrito que por cada uno que sale hay 100 que no salen y lo apoyan. El no hacer un estudio de este tipo contribuye a desinformarnos y a hacernos creer menos fuertes. Pero todo apunta a que el movimiento tiene una amplia acogida social.
- ¿Qué deberían hacer en el 15-M para lograr cosas? Ya están logrando cosas. Pautas para influir más: huir de abstracciones, presentar propuestas concretas, mantenerse despolitizados respecto a la política habitual (perderá fuerza si lo reducimos a la izquierda de esa disfuncional dicotomía izquierda-derecha), gestionar las fuerzas con repuntes y descansos, invertir fuerza en coordinarse siempre y más.
- ¿Es lícito ocupar las plazas? El movimiento se desarrolla desde la resistencia pacífica (aunque haya quien viole este principio), y las plazas son espacios públicos, tomar una plaza en estos términos es llamar socialmente a la vida, juntarse gente que aspira a mejorar la sociedad, intentando no provocar perjuicio a nadie, ¿qué hay mejor que eso? Molesta porque atenta simbólicamente contra el trasnochado orden imperante, recuerda que hay cosas en el sistema que no funcionan y de las que no se hablan. Ocupar la calle. Es bonito, puede ser el principio de algo.
- ¿Ocasionan perjuicios a los comerciantes? No más que las eternas obras que asolaron SOL. No más que la policía, que ha tomado recientemente la plaza de SOL. Pero también esos miles de personas quizás compren una botella de agua, o algo de comida, o lo que sea. Al argumento se le puede dar la vuelta. Por tanto es un argumento demagógico. Si ese es todo el mal que provoca el 15-M parece que está yendo todo bastante bien. Los sueldos vitalicios de algunos políticos restan mi renta real, me perjudican. Que Telefónica con beneficios record ejecute un ERE me perjudica, hay más parados que tiran del sistema hacia abajo, me perjudica esa gran empresa por su forma de proceder. Y podría ser una larga lista.
- ¿Cuáles deberían ser las reivindicaciones más importantes? Yo pondría las primeras aquellas que fueran capaces de autoregular el sistema hacia un sitio mejor: mejoraría el sistema si se exigiera una transparencia atroz de las cuentas a todos los niveles políticos, si se castigara sin contemplaciones la corrupción, si se abriera un debate sobre la ley electoral. Este tipo de cosas cambiaría las normas del juego, y darían pie para acometer otras reformas igual o más importantes. Es una cuestión de orden y estrategia.
El 15-M es un sueño con jirones de realidad de una sociedad que se mueve.
- ¿Es un movimiento político el 15-M? Claramente sí, fuera de los cauces habituales pero sí, es una forma de reivindicación de otra política, ajena a los estándares habituales.
- ¿Servirá para algo el 15-M? El movimiento sigue, y por tanto es incompleta cualquier evaluación a día de hoy. Pero ya ha servido. Ha servido para des-oxidar la ilusión (a través de la indignación) para reivindicar el movimiento como origen del cambio, ha servido para recordar que no hemos olvidado las utopías. Los individuos estamos biológicamente vivos, pero a nivel de sociedad el 15-M recuerda que los ciudadanos estamos socialmente vivos.
- ¿Representan al conjunto de la sociedad? Con usos tendenciosos se afirma que al fin y al cabo, aun siendo miles, son pocos comparados con (como dijo una vez un político) la “mayoría silenciosa que no se manifiesta”; lo cual es una aproximación intencionadamente errónea. Esta movilización cuasi-permanente de miles de personas reflejan un amplio sentir. ¿Qué es lo último que interesa a estos políticos ciegos? Constatar mediante alguna encuesta el grado de aceptación social que tiene el 15-M, quizás les asuste ver escrito que por cada uno que sale hay 100 que no salen y lo apoyan. El no hacer un estudio de este tipo contribuye a desinformarnos y a hacernos creer menos fuertes. Pero todo apunta a que el movimiento tiene una amplia acogida social.
- ¿Qué deberían hacer en el 15-M para lograr cosas? Ya están logrando cosas. Pautas para influir más: huir de abstracciones, presentar propuestas concretas, mantenerse despolitizados respecto a la política habitual (perderá fuerza si lo reducimos a la izquierda de esa disfuncional dicotomía izquierda-derecha), gestionar las fuerzas con repuntes y descansos, invertir fuerza en coordinarse siempre y más.
- ¿Es lícito ocupar las plazas? El movimiento se desarrolla desde la resistencia pacífica (aunque haya quien viole este principio), y las plazas son espacios públicos, tomar una plaza en estos términos es llamar socialmente a la vida, juntarse gente que aspira a mejorar la sociedad, intentando no provocar perjuicio a nadie, ¿qué hay mejor que eso? Molesta porque atenta simbólicamente contra el trasnochado orden imperante, recuerda que hay cosas en el sistema que no funcionan y de las que no se hablan. Ocupar la calle. Es bonito, puede ser el principio de algo.
- ¿Ocasionan perjuicios a los comerciantes? No más que las eternas obras que asolaron SOL. No más que la policía, que ha tomado recientemente la plaza de SOL. Pero también esos miles de personas quizás compren una botella de agua, o algo de comida, o lo que sea. Al argumento se le puede dar la vuelta. Por tanto es un argumento demagógico. Si ese es todo el mal que provoca el 15-M parece que está yendo todo bastante bien. Los sueldos vitalicios de algunos políticos restan mi renta real, me perjudican. Que Telefónica con beneficios record ejecute un ERE me perjudica, hay más parados que tiran del sistema hacia abajo, me perjudica esa gran empresa por su forma de proceder. Y podría ser una larga lista.
- ¿Cuáles deberían ser las reivindicaciones más importantes? Yo pondría las primeras aquellas que fueran capaces de autoregular el sistema hacia un sitio mejor: mejoraría el sistema si se exigiera una transparencia atroz de las cuentas a todos los niveles políticos, si se castigara sin contemplaciones la corrupción, si se abriera un debate sobre la ley electoral. Este tipo de cosas cambiaría las normas del juego, y darían pie para acometer otras reformas igual o más importantes. Es una cuestión de orden y estrategia.
El 15-M es un sueño con jirones de realidad de una sociedad que se mueve.
viernes, 6 de mayo de 2011
Medicina de Campaña
Ahora que comienza la campaña electoral no está de más recordar unas palabras de Platón, por evitar males mayores y no perdernos en euforias vacías, porque aún nos sentimos jóvenes:
Cuando en las asambleas públicas, en el foro, en el teatro, en el campo o en cualquier otro sitio donde la multitud se reúne, aprueban o desaprueban ciertas palabras y ciertas acciones con gran estruendo, grandes gritos y palmadas, redoblados por los ecos y las bóvedas. ¿Qué efecto crees que producirán tales escenas en el corazón de un joven? Por excelente que sea la educación que ha recibido, ¿no naufragará necesariamente en medio de estas oleadas de alabanzas y de críticas? ¿Podrá resistir a la corriente que le arrastra? ¿No conformará sus juicios con los de la multitud sobre lo que es bueno y vergonzoso y procurará imitarla?
(La República)
Cuando en las asambleas públicas, en el foro, en el teatro, en el campo o en cualquier otro sitio donde la multitud se reúne, aprueban o desaprueban ciertas palabras y ciertas acciones con gran estruendo, grandes gritos y palmadas, redoblados por los ecos y las bóvedas. ¿Qué efecto crees que producirán tales escenas en el corazón de un joven? Por excelente que sea la educación que ha recibido, ¿no naufragará necesariamente en medio de estas oleadas de alabanzas y de críticas? ¿Podrá resistir a la corriente que le arrastra? ¿No conformará sus juicios con los de la multitud sobre lo que es bueno y vergonzoso y procurará imitarla?
(La República)
jueves, 24 de marzo de 2011
Aplausos
Sin que nos suene raro, suele ocurrir que los grandes grupos políticos se esmeran en definir ciertos límites, en posicionarse por oposición (nótese la estupidez que se deriva de la pseudo-tautología). Me vienen a la cabeza los recurrentes aplausos del grupo político a su orador, sea cual sea el orador, siendo el caso más interesante el de las Cámaras, con ese cara a cara donde en ocasiones desde uno u otro sector del hemiciclo más que argumentos se manejan datos maquillados o parciales y dardos sintácticos. Cualquier buena pregunta puede ser destrozada por abstracciones que hay quien se empeña en denominar respuestas. Cualquier alusión personal hecha en un tono jocoso, alocuciones culturetas, fruslerías pseudo-inteligentes, ironías finas, gruesas o medias, etc., sirven para triunfar en esa cuestión o debate. Cualquier lucidez o estupidez recibe el aplauso del grupo, lo cual nos hace pensar que el aplauso para ellos no significa nada inteligente ni ciertamente inteligible, cuanto menos. Se elude el aplauso lógico, sus señorías (curioso nombre), los parlamentarios, diputados, senadores y demás fauna cameral, priman el aplauso (llamémosle) psicológico. Yo lo entiendo como algo más ancestral, tiene función de intimidar, de minar el ánimo del rival (¿por qué se entienden como rivales?), de imitar el modelo de tertulia de Tele5, donde el que más grita más razón dice que lleva; me recuerda a lo que cuentan del toque marcial de las gaitas de guerra, donde lo que importaba no era la música, era la intimidación del (aquí sí) rival, en este caso lo que importa no es el significado del aplauso implica su instrumentación contra alguien. Da igual la calaña de la estupidez o lo grandioso del acierto del orador, el aplauso suele ser el mismo, el aplauso no significa nada… bueno, en situaciones flagrantes (que las hay) dice mucho de la estupidez de sus señorías, y me remito al tema del Metrobús, por concretar algo, por mensurar la ilógica de la realidad política, y sabiendo pocos políticos están libres de ciertos aplausos.
¿Veremos alguna vez aplausos repartidos en gente dispersa de diversos grupos políticos? Sería un avance hacia la huida de ese simplismo de compartimentos, de ese odiable reduccionismo des-diversificante.
¿Veremos alguna vez aplausos repartidos en gente dispersa de diversos grupos políticos? Sería un avance hacia la huida de ese simplismo de compartimentos, de ese odiable reduccionismo des-diversificante.
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