Mostrando entradas con la etiqueta interés. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta interés. Mostrar todas las entradas

viernes, 31 de mayo de 2013

Aritmética de Ideas




A efectos políticos se trabaja lo que podríamos denominar "aritmética de las ideas". La solución al problema en ocasiones no es mala. La convocatoria de unas primarias se traduce a un recuento numérico de las diferentes ideas presentes, clasificadas de acuerdo a una determinada estandarización de la variedad presente. Las votaciones son aritmética de ideas, y mediante fórmulas más o menos malévolas, o sujetas en mayor o menor medida a los intereses de los grupos mayoritarios, se llega a una solución de conveniencia, donde las ideas más representativas son las que, dentro de un cierto marco legal previo, representarán los intereses de la gente. Con los defectos por todos conocidos en la rabiosa realidad de hoy en día.

Pero en esta ocasión pretendo centrar el foco en las "Aritméticas de suma cero", tema ya tocado al hablar del voto útil.

Aritmética de suma cero es lo mismo que estrategia, y esta estrategia la identificaremos con perfidia. Aritmética de suma cero sería utilizar una idea para negociar. Ejemplos: Yo no hablo de esto si tú no hablas de aquello. Yo no te pregunto de esto si tú no me preguntas de aquello.Si tú retiras esa propuesta yo no hago fuerza por sacar adelante esta idea que iría en contra de tus intereses. Se podrían poner muchos ejemplos más, que sin necesidad de imaginar mucho podemos intuir que ocurren en la realidad.

Pero resulta que ser fiel a las ideas que representamos no nos suele acercar al poder pero sí a la honradez, lo cual se entiende como inconveniente en la palestra política. Las ideas se mediatizan hasta el punto de ser peones en una partida de ajedrez. Y si nosotros pensamos que el mundo sería mejor si pudiéramos llevar a cabo nuestra idea A, y también nuestra idea B, y la C, la D, etc. Si así pensamos la única opción honrada que tenemos es ser responsables de nuestras ideas, hasta donde nos lleven. Y decir pública y privadamente que pensamos A, B, C, D y X. Y no vender y matar nuestra idea B por evitar que el otro grupo saque su idea M, o aún más triste, por dinero o por poder. ¿Por qué? Porque el bien mayor es mentira, solamente existen los bienes pequeños y su agregación, las cosas se empiezan desde abajo (se hacen desde abajo y se miran desde arriba), porque el conjunto de nuestras ideas es nuestro ser, y si nos corrompemos y somos mercaderes de nosotros mismos con la intención de alcanzar un bien mayor es que no hemos entendido nada; perdemos lo que antes habíamos llamado norte y nos vemos atrapados en una red de mentiras, en máscaras, artificios y engaños, nos convertimos en manipuladores al querer resaltar lo bonito y ocultar lo sucio. En las películas americanas lo entendemos mejor: ¿sacrificamos a esos 200 rehenes para salvar toda la ciudad? Siempre les surge la duda ,y siempre, al menos en esas películas, encuentran la forma de no sacrificarlos. Aquí no es con personas, es con ideas, pero es similar. ¿Sacrifico 20 ideas para tener una mayor posición de poder que me permita estar más cerca de poner en práctica el resto de mis ideas?

Por volver al origen matemático de la disertación: Una idea nunca anula a otra. Y esto funciona en todos los ámbitos de la vida: si tengo que pedir perdón por algo que hecho mal lo pido, da igual que al que pido perdón me deba una disculpa de antes. Son dos cosas diferentes. Al igual que dos ideas diferentes, valga la insistencia, son diferentes y por ello no anulables. Las ideas no deberían entrar en ningún mercado, bajo ninguna circunstancia (pero claro, si yo quiero poder, o dinero, u otra mercancía, tengo que pagar algo).

El resto es mediocridad, vagar sin rumbo claro.

martes, 19 de octubre de 2010

Sensibilidad e implicación

El buen político debe afrontar con el mismo nivel de compromiso las responsabilidades públicas derivadas de su cargo, sean estas agradables o desagradables; es decir, el político deberá dar la cara en los momentos difíciles como también la da en los momentos fáciles. El nivel de compromiso del político debe siempre superar su propio plano personal, pues el político debe ser entendido como una persona pública. Esto significa que existen dos planos de realidad que necesariamente deben ser separados y generalmente aislados, y no hablo de la vida personal y la vida política, hablo de la actitud implicada como paso siguiente a la actitud sensible; no es suficiente que el político sufra con un problema de cierto colectivo, es necesario que calibre su posibilidad de influencia y dé cuentas de esas expectativas. Que un político se interese por un problema de la ciudadanía o de un colectivo concreto puede llegar a dar cuenta de la valía moral del político como persona (lo cual es algo que nunca debe ser despreciado), pero no nos dice mucho de la valía del político como político. Será el proyecto de compromiso, con su correspondiente seguimiento, el que hablando a un ritmo más lento del de las palabras, nos diga algo más profundo de esa persona que practica la política.
Se aprecian entonces dos niveles, progresivos. El político debe ser sensible a los problemas de la gente, y su responsabilidad con esa gente será la de estar allí, aunque ese estar allí sea impopular en lo público y complicado a un plano personal. El segundo nivel consiste en implicarse en los problemas, y más que eso ser capaz de evaluar sus posibilidades reales de influencia sobre el asunto, siendo transparente sobre estas expectativas.
El nivel sensible afecta al campo de lo simbólico y lo psicológico en el receptor, el nivel que implica implicación acumula además de los anteriores un significado más pragmático.