¿Nunca os habéis planteado que no estemos en el lado correcto de la Historia?
Asumimos nuestra realidad con un optimismo antropocéntrico que está sujeto con dos tiritas. Pensamos que lo nuestro es lo normal; nuestras costumbres, nuestro lenguaje, nuestras modas, incluso nuestro marco ideológico. Tenemos una maquinaria cultural que refuerza un imaginario colectivo, en el que, en nuestro caso, lo occidental es lo correcto. Pongamos, como ejemplo, el uso que hacemos del mundo árabe. En nuestras películas ellos son los malos, o los sospechosos que al final, algunos son buenos, porque empatizan con nuestros valores y nuestra bondad. Nos cuesta asumir una idea sencilla de plantear: que gente culturalmente distinta a nosotros sea buena. Siendo así todo sería más fácil, se reduciría a hablar de respeto a las diferencias.
Hablar de España sería asumir que el pulso migratorio y la realidad demográfica dicen que acabaremos nuevamente mezclados con nuestros vecinos africanos. Y cambiarán cosas, claro, y realidades. Seremos nuevos moriscos, nos guste o no. Implicará cambios, sí. Y, como madridista, a algún seguidor merengue de copa y puro no le gustará (y a muchos más), pero es una marea que no se detendrá con miradas necias. Habrá nuevos alcaldes, nuevas realidades y nuevas sensibilidades; nos mezclaremos nuevamente como ya hicimos antaño, y echaremos de menos viejas costumbres, por supuesto, y así lo contaremos. Volverá el viejo mantra de que nada es como lo de antes, y, lo bonito, es que seguiremos construyendo sobre ello.
Hablar del mundo incita a hablar de Trump, a rescatar la palabra "pérfido", a ver sus actitudes de abusón de colegio, de un colegio de unos cuantos miles de millones de seres, jugando el despiste mientras se jacta de todo. Matando a quien quiere, ocupando cualquier lugar, reclamando como suyo lo que desea. Con la desvergüenza del fuerte tonto, o del tonto listo, no sabría decir. Permitiendo el genocidio de Gaza, por qué no, siendo amigo de los que matan, siendo silencio en los que mueren. Convirtiendo el mundo en un enorme juego de mesa de color dólar. Y en ese contexto, otros, incluso menos afines que nosotros, verán un monstruo donde realmente hay un alguien bastante similar, sabiéndose, orgullosamente, al otro lado.
¿Nunca os habéis planteado que no estemos en el lado correcto de la Historia?
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